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Veracruz. Pemex convirtió un paraíso verde en un desierto tóxico

hace 1 hora
3 min de lectura

En Las Choapas, las comunidades de Constitución Mexicana e Ignacio López Rayón, a menos de tres kilómetros del pozo Krem-1, padecen las consecuencias de un accidente que Pemex ya había previsto como su peor escenario. Los cultivos de maíz y plátano se perdieron, el ganado quedó sin pasto y los árboles frutales dejaron de producir



LAS CHOAPAS, Ver.– En sólo dos años la perforación del pozo Krem-1 cambió la vida en comunidades rurales de Las Choapas. Primero fueron los daños al camino y a sus arroyos. Después el descontrol del pozo, que mantuvo una llamarada durante cinco meses y liberó gas e hidrocarburos sobre el territorio, con daños a la fauna, la vegetación y actividades productivas de la zona.
LAS CHOAPAS, Ver.– En sólo dos años la perforación del pozo Krem-1 cambió la vida en comunidades rurales de Las Choapas. Primero fueron los daños al camino y a sus arroyos. Después el descontrol del pozo, que mantuvo una llamarada durante cinco meses y liberó gas e hidrocarburos sobre el territorio, con daños a la fauna, la vegetación y actividades productivas de la zona.

Habitante de la comunidad Constitución Mexicana, ubicada a unos tres kilómetros del pozo e incorporada desde hace tres años al Catálogo Nacional de Pueblos Indígenas, Luis Domínguez asegura que nadie les preguntó si aceptaban la instalación del proyecto en su territorio.


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Antes de perforar el Krem-1EXP, Pemex consideró el descontrol total del pozo como uno de los tres escenarios de riesgo del proyecto. En sus planes, lo peor que podía ocurrir era una la falla del conjunto de preventores y la liberación incontrolada de hidrocarburos, con posibilidad de incendio, explosión y daños en un radio superior a dos kilómetros. Y fue lo que pasó.

El 5 de marzo último el pozo ubicado entre los ejidos Ignacio López Rayón y Constitución Mexicana sufrió un descontrol. Durante más de 150 días una llamarada y, posteriormente, las emanaciones de gas afectaron a comunidades dedicadas principalmente a la ganadería y al cultivo de maíz y plátano.

El Krem-1EXP fue concebido como un pozo exploratorio para confirmar si en el subsuelo existía un yacimiento de petróleo y gas con condiciones económicas para ser explotado. La perforación fue programada para alcanzar una profundidad de tres mil 380 metros.


El proyecto incluyó la construcción de un camino de acceso de 5.7 kilómetros, una plataforma de perforación de 80 por 140 metros y una presa de quema. En conjunto, la infraestructura ocuparía 13.46 hectáreas.

Dentro de un radio de 10 kilómetros del Krem-1 existen 29 localidades habitadas por al menos tres mil 431 personas. De ellas, una tercera parte vive a menos de cinco kilómetros del pozo.


La devastación

Eustaquio vive a un kilómetro del pozo; lo que antes veía como un paisaje verde ahora parece un desierto. “Se parece a Arizona, a un desierto”, dice, aunque nunca ha estado ahí. Lo que observa es que donde antes había árboles y ganado pastando ahora sólo quedan campos “pelones”. Sus 80 hectáreas se encuentran dentro de lo que Pemex clasificó como zona cero después de la explosión del 5 de marzo. Oficialmente el incendio quedó controlado hasta el 2 de agosto último.

En esas tierras Eustaquio criaba ganado y cultivaba plátano. Tras la explosión y el descontrol del pozo asegura que perdió la producción, tuvo que trasladar a sus animales y dejó de recibir ingresos.


Los árboles frutales tampoco produjeron con normalidad. Su familia observó afectaciones en los aguacates, pasto, plantas y vegetación cercana al río. “Todos los árboles frutales se quemaron. Pasó la temporada del aguacate y no hubo producción”, denuncia.



La comunidad de Eustaquio, La Guadalupe, se encuentra a unos tres kilómetros del pozo. Sus habitantes aseguran que después de la explosión nada volverá a ser igual. “Haga de cuenta que no había día ni noche. Cuando explotó pensamos lo peor; muchos nos fuimos, pero luego regresamos porque, a dónde íbamos a ir. Con el paso de los meses aprendimos a vivir así, con el olor, el fuego y la contaminación”.

Aunque el pozo ya fue apagado, Marco Palma y su familia, habitantes de la comunidad Ignacio López Rayón, aseguran que todo cambió. “Esta temporada es para nosotros de abundancia, de mucho verde, pero eso ya no está”, dice.


FUENTE: PROCESO


 
 
 

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