Riesgos en la expansión ferroviaria de la 4T, según The Economist
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El gobierno federal busca construir más de 3 mil kilómetros de nuevas vías férreas para pasajeros antes de finalizar el sexenio en 2030, con el objetivo de conectar ciudades estratégicas y reducir los tiempos de traslado. Sin embargo, la publicación advierte que México parte prácticamente de cero en esta materia, tras la privatización del sistema ferroviario en los años noventa, que se centró en el transporte de carga.
Andrew Young, analista ferroviario, calificó como “dramáticos” los planes del gobierno, dado que el país intenta construir una red nacional de trenes de pasajeros en una región que no ha estado caracterizada por este tipo de infraestructura. Un ejemplo de esta nueva estrategia es El Insurgente, el tren que conecta la Ciudad de México con Toluca, considerado una alternativa eficiente para evitar el tráfico.
El análisis también menciona que una red ferroviaria podría reducir tiempos de traslado, disminuir la contaminación y fomentar la actividad económica entre zonas metropolitanas, además de contener la expansión urbana al facilitar que las personas vivan en una ciudad y trabajen en otra.
No obstante, The Economist señala varios factores que podrían poner en riesgo la ejecución del proyecto. Uno de ellos es el financiamiento, ya que el transporte ferroviario de pasajeros requiere una fuerte inversión pública tanto para su construcción como para mantener tarifas accesibles.
Óscar Ocampo, del IMCO, considera que algunas rutas, como Ciudad de México–Querétaro o Saltillo–Monterrey, tienen una justificación clara, pero otras propuestas no muestran el mismo nivel de viabilidad económica. Además, parte de esos recursos podrían destinarse a mejorar la infraestructura ferroviaria de carga y los puertos.
Otro riesgo es el papel predominante del Estado en las grandes obras de infraestructura, que ha limitado la participación de la iniciativa privada. Aunque la administración de Claudia Sheinbaum ha abierto espacio para empresas privadas en licitaciones, mantener un equilibrio entre el sector público y privado será un desafío.
The Economist también advierte sobre la necesidad de evitar priorizar la velocidad de construcción sobre la calidad y seguridad de las obras, recordando que los proyectos recientes han enfrentado críticas. Por ejemplo, el Tren Maya ha sido objeto de controversias por daños ambientales, y el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec ha tenido problemas operativos tras un accidente que dejó 14 muertos.
Finalmente, la revista concluye que, aunque México puede beneficiarse de una red ferroviaria moderna, el gobierno debe asegurarse de que la rapidez en la construcción no comprometa la calidad, seguridad y viabilidad financiera de los proyectos.
FUENTE: SONORA-PRESENTE

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