No hay vuelta atrás…
Ramón Alberto Garza
Prometimos ayer la entrega para hoy que complementa la denuncia de que México está por entregarle a China los contratos de la infraestructura digital dentro del gobierno de la Cuarta Transformación. Aduanas, SAT, Pemex, CFE, Seguro Social y Aeropuertos, entre otros. Eso a espaldas de Washington, de donde no duden que vendrá el coletazo y, sin duda, la exigencia de un revés.
Pero la comparecencia del presidente norteamericano Donald Trump, ayer en Naciones Unidas, obliga a ajustar la agenda. Sobre todo, porque el epicentro del discurso del hombre más poderoso, frente a la más poderosa audiencia del planeta reunida esta semana en su Asamblea General en Nueva York, fue México. Más aún, la advertencia del presidente Donald Trump frente al mundo es que lo que sucede en nuestro país ya es “inaceptable”. Y hay que frenar que el crimen organizado ponga en peligro -desde México- la seguridad no sólo de Estados Unidos, sino del planeta entero, con sus cárteles operando en una docena de países de América Latina, Europa, Asia e incluso África.
El mensaje del hombre de la Casa Blanca es más que claro y definitivo. Con cooperación o sin cooperación del gobierno mexicano o de la presidenta Claudia Sheinbaum, el gobierno norteamericano tomará como su responsabilidad el aniquilamiento del crimen organizado en México.
De hecho, el inquilino de la Oficina Oval le dio una salida a la presidenta Claudia Sheinbaum. Exaltó la cooperación de su gobierno y dijo que ella también quiere deshacerse de los cárteles.
En pocas palabras, después del discurso del presidente Donald Trump ante los dignatarios del mundo, la advertencia de lo que viene ya está hecha en el más importante foro global en el que se anuncian, una vez al año, los grandes cambios. En su Asamblea Anual.
Ojalá que la presidenta Claudia Sheinbaum no salga hoy miércoles por enésima ocasión en su mañanera, a decir que no está de acuerdo, que esa lucha contra los criminales que tienen controlados amplios territorios en México es un asunto de “soberanía” que México tiene que resolver solo, sin “injerencias”. Y si lo hace, la inquilina de Palacio Nacional estará olvidando que la soberanía de una nación acaba cuando se pone en riesgo la soberanía de otras naciones. Y los cárteles mexicanos sacuden las entrañas de la sociedad norteamericana y de una docena de naciones más, traficando con fentanilo, enriqueciéndose de la mano de hijos de presidentes con el tráfico de huachicol, comprando armas en el mercado negro y traficando con vidas humanas en ese gran negocio que es la migración ilegal, el tráfico humano.
Si a México, de verdad, le indignara “la violación a su soberanía”, tendría que haber hecho lo mismo que la delegación cubana, que en el preciso momento en que el presidente Donald Trump dijo -en ese mismo foro global, en ese mismo discurso-, que el régimen de Cuba caería y que la Isla es un Estado fallido, sus embajadores se levantaron y abandonaron, en protesta, el recinto de las Naciones Unidas. Sin duda fue una reacción visceral, pero al menos es congruente con lo que correcta o equivocadamente creen los herederos fracasados de Fidel Castro. Los días del régimen cubano están contados, y no por Marco Rubio, sino por los millones de cubanos que desesperados viven en la más absoluta miseria, a oscuras, sin electricidad, sin trabajo.
Para cerrar el círculo, y en el mismo marco de la Asamblea de las Naciones Unidas, Marco Rubio convocó a una reunión del llamado Escudo de las Américas, la iniciativa norteamericana en la que participan una docena de presidentes latinoamericanos para buscar erradicar al crimen organizado. Entre sus miembros no está la presidenta Claudia Sheinbaum, a pesar de que nuestro país es el epicentro del crimen organizado de la región.
Pero lo que sí sucedió ayer en ese cónclave anti cárteles -y en presencia del presidente Donald Trump- fue el anuncio de que los mandatarios de Perú y de Colombia sumaban a sus naciones al esfuerzo pacificador del Continente Americano.
Fue entonces que tomó la palabra la presidenta Keiko Fujimori, quien anunció que “el Perú entra con gran determinación y gran entusiasmo a la coalición multinacional orientada a unir esfuerzos para combatir a las organizaciones criminales transnacionales”.
La hija de quien fuera presidente, Alberto Fujimori -quien acabó con el terrorismo en Perú- dijo: “Yo vengo del Perú. Perú ha derrotado dos grupos terroristas, Sendero Luminoso y el MRTA, pero ahora tenemos desafíos de otra naturaleza, el crimen que estamos enfrentando no respeta fronteras, por lo que estamos muy felices de unirnos a esta coalición. Aplaudimos su liderazgo e iniciativa, presidente Trump. Estamos acá para apoyar al grupo y recibir también la información de apoyo de todos ustedes”.
Sarisfecho porque el bloque anti crimen organizado se ensancha, el presidente Donald Trump respondió a Keiko Fujimori que “la única forma de combatir el crimen es con firmeza”. ¿Escucharía eso la presidenta Claudia Sheinbaum?
Lo dicho. Los hechos hablan y lo que se vivió ayer en la Asamblea de las Naciones Unidas, con epicentro en México y frente a todos los mandatarios del planeta, es claro y contundente: No hay marcha atrás. La pregunta ya no es “¿Qué?”, ni “¿Cómo?”. La pregunta es “¿Cuándo?”.

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