El Grande sacude al poder: acusa pagos millonarios y protección militar al Cártel de Sinaloa
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Héctor de Mauleón adelanta revelaciones del libro “Narcocracia”, de Anabel Hernández, basado en el testimonio de Sergio Villarreal, El Grande, quien señala presuntos pagos a funcionarios y militares durante el sexenio de Felipe Calderón

Villarreal, quien fue uno de los principales operadores de Arturo Beltrán Leyva, sostiene que durante ese periodo la organización criminal consiguió tener bajo control puertos, aeropuertos y estructuras de seguridad, además de mantener presuntos acuerdos con integrantes de corporaciones policiacas y del Ejército mexicano.
El Grande señala directamente al entonces secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván, y asegura que Arturo Beltrán Leyva le entregaba 5 millones de dólares mensuales.
“Cuando entra él (Galván Galván) se nos abren todas las puertas del Ejército”, afirmó Villarreal en el testimonio reproducido por Hernández.
Según su relato, Galván Galván mantenía una relación previa con Beltrán Leyva desde que había sido jefe de la zona militar de Querétaro.
“No trabajaba para el Cártel de Sinaloa, trabaja pa’ Arturo… Se reconectaron al inicio del gobierno de Calderón por medio de su hermano Héctor, El H.”, declaró.
El narcotraficante sostiene que los encuentros entre el general y Arturo Beltrán Leyva se realizaban en casas de seguridad ubicadas en la Ciudad de México, el Pedregal y Cocoyoc. De acuerdo con Villarreal, Galván acudía vestido de civil y dejaba previamente a sus escoltas en un centro comercial.
“Normalmente, cuando el general iba a ver a Arturo dejaba a sus escoltas en un centro comercial y de ahí lo llevaban a la oficina. No tenía miedo. Eran amigos y nosotros éramos los más interesados en que estuviera bien y seguro.
“Cuando ya se iba le subían su maletota de dinero al carro y de ahí lo llevaban de regreso al estacionamiento donde estaban sus escoltas esperándolo. Se transbordaba la maleta y se iban”.
Villarreal también describe reuniones durante los sábados en las que, después de comer, los asistentes jugaban ajedrez o cartas. En una ocasión, asegura, Galván Galván quedó interesado en un juego de ajedrez de oro y plata que El Grande había regalado a Arturo Beltrán Leyva.
“Cada vez que Galván iba había comida. Generalmente iba un sábado… No iba uniformado. Siempre lo vi vestido de civil, con pantalón de vestir, camisa elegante de manga larga, saco sport y buenos zapatos.
“Ya luego de que comían se ponían a jugar ajedrez o baraja (…) Una vez le regalé a mi compadre (Arturo) un ajedrez de oro y plata con tablero de ónix blanco y negro. ¡Todo labrado! Cada pieza era de oro o plata macizos (…) Cuando el general lo vio le gustó mucho y le dijo a Arturo que le regalara uno igual (…) Le mandé hacer otro para que se lo diera a Galván. Me costó en ese tiempo como 100 mil dólares”.
Las acusaciones de Villarreal también alcanzan al exsecretario de Seguridad Pública Genaro García Luna, condenado en Estados Unidos. El Grande, quien fue uno de los principales testigos de cargo durante su juicio, asegura que los pagos de Arturo Beltrán Leyva a García Luna ascendían a 5 millones de dólares mensuales, mientras paralelamente se entregaba dinero a jefes regionales de la Agencia Federal de Investigación (AFI) y de la Policía Federal.
El testimonio sitúa esa etapa durante el gobierno de Calderón, cuando García Luna encabezaba la Secretaría de Seguridad Pública, Ardelio Vargas Fosado dirigía el Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia (Cenapi) y Galván Galván estaba al frente de la Secretaría de la Defensa Nacional.
“Teníamos arreglados los puertos de Manzanillo, en Colima; Puerto Progreso, en Yucatán; así como Mazatlán, en Sinaloa; los aeropuertos de la Ciudad de México y Toluca, así como los de Cancún, Quintana Roo y Tapachula, Chiapas”, afirmó Villarreal.
De acuerdo con la columna de De Mauleón, el testimonio involucra a varios generales y comprende acontecimientos ocurridos a lo largo de cuatro sexenios. La información, señala, no solamente fue entregada a Hernández, sino también a fiscales que trabajan en casos relacionados con la narcopolítica mexicana.
Villarreal fue detenido en septiembre de 2010 y posteriormente cumplió su sentencia en Estados Unidos. Hernández relata que los fiscales “verificaron su información y la consideraron lo suficientemente sólida para convertirlo en testigo protegido”.
El Grande había sido policía judicial federal antes de ser cooptado por Amado Carrillo, El Señor de los Cielos, y posteriormente se convirtió en uno de los hombres cercanos a Arturo Beltrán Leyva.
Fue además quien habló por primera vez del presunto financiamiento del Cártel de Sinaloa a la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en 2006, según refiere De Mauleón. En 2024, mientras intentaba rehacer su vida, Villarreal decidió hablar con Hernández sobre la forma en que, según su versión, la organización criminal consiguió penetrar corporaciones policiacas, estructuras militares y ámbitos políticos.
“Este libro trata de cómo el crimen organizado dejó de infiltrarse en el Estado para convertirse en parte de él”, señala el texto.
Hernández vio por primera vez a Villarreal hace tres años en la Corte del Distrito Este de Nueva York, durante el proceso contra García Luna. Meses después de concluido aquel juicio, la periodista consiguió reunirse con el narcotraficante, cuyo testimonio se convirtió en uno de los ejes de “Narcocracia”, libro que comenzará a circular esta semana.
FUENTE: SONORA-PRESENTE

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