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El 2 de octubre del 68 no se olvida, grupos sociales se manifestarán por las calles este día

hace 2 horas
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La impunidad que rodeó la masacre del 2 de octubre de 1968, perpetrada por el propio Estado, ha mantenido una exigencia de justicia a lo largo de los años; sin embargo, su impacto se ha transformado con las experiencias y problemáticas de cada generación









La matanza de Tlatelolco, ocurrida hace 58 años, se convirtió en un símbolo de lucha y un parteaguas histórico, pero ¿significa los mismo para las nuevas generaciones?

La impunidad que rodeó la masacre del 2 de octubre de 1968, perpetrada por el propio Estado, ha mantenido una exigencia de justicia a lo largo de los años; sin embargo, su impacto se ha transformado con las experiencias y problemáticas de cada generación.


"La manifestación del 2 de octubre nunca se ha quedado estática, cuando analizas las exigencias de las manifestaciones en realidad puedes hacer una historia política del país...ese pasado sirve para el presente", explica a Proceso Eugenia Allier Montaño, del Instituto de Investigación Social de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La Generación Alfa, compuesta por personas nacidas entre los años 2010 y 2025, creció en un contexto complejo en México: inseguridad, pobreza, crimen organizado y violencia extrema, donde el peso de las luchas sociales del pasado se diluye frente a las emergencias actuales. 


Además, a nivel mundial, los adolescentes de dicha generación atravesaron etapas vitales para su desarrollo durante la pandemia, y ahora enfrentan un entorno de inmediatez e hiperconexión, con la prevalencia de los dispositivos móviles y las redes sociales, sumado a los conflictos y tensiones sociopolíticas.

Un movimiento institucionalizado



Allier Montaño explica que una de las razones principales por las que la Generación Alfa se aleja del movimiento del 2 de octubre, es porque la lucha se ha institucionalizado desde hace décadas.

"Crecieron con el 68 en los libros de texto gratuitos. Estudiaron el 68 en la escuela, y eso no ocurría antes del siglo XXI... El 68 está en letras de oro en la Cámara de Diputados. Ya no es un movimiento que... llegue a través de memorias familiares, o que tengas que ir a un cine a ver Rojo Amanecer. Hoy está en todos lados”, explica.

Por esas razones, considera que ha perdido "un poco" de la rebeldía que lo caracterizó.

La especialista recuerda que desde la presidencia de José López Portillo y Ernesto Zedillo, hasta la actualidad, se ha utilizado el recuerdo de 1968 para discursos políticos sobre la transformación del país. Respecto al gobierno de Morena y el mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum, reconoce que hay un obstáculo que no han logrado sortear: el Ejército Mexicano.

“A lo mejor Sheinbaum personalmente puede querer que haya un juicio para los responsables por el 68. Casi su primer acto presidencial fue decir que era un crimen de lesa humanidad, por lo cual se iba a poder enjuiciar siempre. Han pasado varios años y seguimos sin juicio”.


"Creo que ahí pues ya no depende solamente de lo que Morena pueda pensar del 68, sino de las condiciones reales en las que vivimos y los actores militares que no van a permitir que haya algo más”, sostiene.

A pesar de ello, José R. Castelazo, politólogo y doctor en Derecho —quien fue estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM durante el movimiento del 68— considera que Andrés Manuel López Obrador, expresidente y fundador de Morena, logró rescatar en su discurso las demandas del movimiento que pedía escuchar a los más necesitados.

"Eso lo entendió muy bien López Obrador...aprendió que esa rebeldía sí lleva al cambio, y lo llevó a la presidencia de la república dentro del régimen democrático que vivimos, y llevó a su candidata a ser presidenta, sin mayor problema de aceptación", expresa. 

El legado del 68

El movimiento estudiantil de 1968 transformó a la sociedad mexicana de distintas formas, una de ellas, apunta la investigadora, fue al cambiar las trayectorias de vida de quienes participaron en el movimiento, a llevar esos ideales a nuevas esferas.

También indica que dejó una herencia de lucha que encontró ecos en distintos movimientos sociales.

"La hipótesis que he manejado desde hace tiempo, es que el movimiento fue derrotado militarmente el 2 de octubre, pero triunfó simbólica y políticamente con el paso de las décadas", explica.

Esto se expresa en cómo se recuperó la memoria del 68 no sólo durante el periodo de la Guerra Sucia, también en movimientos estudiantiles posteriores, ocurridos entre el 86 y el 87 y en las huelgas del 99. Incluso en el movimiento Yo soy 132, en el 2012; y por supuesto en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

"Entonces, de alguna manera, aunque cada vez va quedando más lejano...creo que los jóvenes lo siguen retomando, aunque también con una visión más crítica", dice.

¿Qué es el 2 de octubre para la juventud contemporánea?

Algunos estudiantes de bachilleratos de la UNAM fueron cuestionados por Proceso y afirmaron no saber lo que se conmemora el 2 de octubre; otros reconocen no estar informados. Sin embargo, la pregunta es ¿por qué se diluye el impacto y la fuerza de las movilizaciones, más allá de la lejanía histórica?

Iván, un estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Naucalpan, sostiene que el 2 de octubre “ya se está olvidando, la mayoría no sabe qué pasó...porque no hay tanta relevancia como antes, como ya tiene tiempo lo dejan, hay más cosas, apenas hubo una fosa común y había dientes de niños. Ya está muy normalizado todo”, expresó.

Esto permite vislumbrar que las y los adolescentes se preocupan por las problemáticas que sienten más cercanas. Sobre este punto, la investigadora Allier Montaño subraya que las movilizaciones actuales están atravesadas por un contexto social y económico fragmentado e individualizado.

"Uno de los grandes problemas, tanto para el 68 como para la llamada Guerra Sucia, es que como sociedad nunca apoyamos las demandas de memoria, verdad, justicia y seguimos sin hacerlo...está muy fragmentada la lucha social", sostiene la investigadora.

"Hay una crisis humanitaria espantosísima, hay condiciones económicas muy difíciles, los jóvenes se encuentran ante situaciones de desempleo, de no lograr entrar a las universidades...creo que el movimiento del 68 nos tiene que ayudar para que se sigan pensando estas condiciones actuales", añade.

A la distancia, José R. Castelazo compartió sus memorias sobre momentos como el 13 de septiembre de 1968, cuando cerca de 300 mil personas marcharon en absoluto silencio desde el Museo Nacional de Antropología hasta el Zócalo de la Ciudad de México, y consideró que el movimiento del 68 dejo la lección de que "sí se podían cambiar las cosas".   

Allier Montaño insiste en que, “si la memoria no nos sirve para el presente, no sirve de nada”. Ahí radica la importancia de la matanza de Tlatelolco. La especialista asegura que la Generación Alfa se sigue identificando con el hecho, porque enfrenta las brutalidades cotidianas; entonces, pese a la lejanía temporal, no es sólo un recuerdo, también es una representación.

Además, considera que la memoria del 68 aún impacta en sus actos revolucionarios, aunque de forma distinta:

“Escucho a gente de mi generación diciendo, ‘es que los jóvenes no se interesan en nada, no militan, llegan súper mal preparados’. Yo no siento eso, siento que son otras las formas de militancia… hoy nos vamos mucho más a cosas puntuales”.

La investigadora reitera que la problemática es la misma que la de hace 58 años:

“Seguimos sin acompañar las movilizaciones como sociedad… Eso nos hace pensar que tenemos que luchar sólo por nuestros intereses y no por el bien común… Y mientras no asumamos que podemos hacer algo, tampoco vamos a cambiar este país”.

FUENTE: PROCESO


 
 
 

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