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A esta generación de futbolistas el escenario no les asusta: Javier Aguirre

  • hace 1 día
  • 2 min de lectura
Javier Aguirre mira a los ojos de Mateo Chávez, de Obed Vargas y Gilberto Mora -los jugadores más jóvenes de México en la Copa del Mundo- y lo que descubre no es el reflejo de sus propios miedos de juventud, sino una armadura limpia. Son elementos que habitan un México distinto —el de las redes sociales y la inmediatez de resultados—, pero que entran a la cancha como quien pisa el patio de su casa. "A esta generación el escenario no les asusta", dice el entrenador, con una mezcla de asombro y ruda ternura. "Son jóvenes a los que no le quema la pelota. Crecieron sin complejos".
Javier Aguirre mira a los ojos de Mateo Chávez, de Obed Vargas y Gilberto Mora -los jugadores más jóvenes de México en la Copa del Mundo- y lo que descubre no es el reflejo de sus propios miedos de juventud, sino una armadura limpia. Son elementos que habitan un México distinto —el de las redes sociales y la inmediatez de resultados—, pero que entran a la cancha como quien pisa el patio de su casa. "A esta generación el escenario no les asusta", dice el entrenador, con una mezcla de asombro y ruda ternura. "Son jóvenes a los que no le quema la pelota. Crecieron sin complejos".

Para domar esa insolencia natural, Aguirre ha tenido que mudar de piel. Ya no es el sargento de hierro de otros tiempos, ni busca ocupar el lugar sagrado de la paternidad. Acepta, con la naturalidad de los años, un rol más sabio y lejano “No diría que han encontrado a un padre, pero sí a un abuelo". Un abuelo que exige hasta el límite porque conoce el oficio, pero que sabe cuándo aflojar la cuerda, cuándo bromear y cuándo dejar que Rafa Márquez aporte su propia dosis de serenidad al banquillo.

El pacto funciona. Se notó cuando el estadio se puso en contra, cuando el 0-0 trajo los primeros abucheos y el público empezó a silbar a la selección. Sin embargo, esos jóvenes criados en el equilibrio emocional, que tanto predica Aguirre desde hace 20 meses, no se achicaron. Sostuvieron el pulso del partido ante República Checa. 

“He ido aprendiendo de los errores. Si no lo haces, eres bastante inepto”, afirma en conferencia de prensa.  retrato en primera persona del entrenador de México en su tercera edición mundialista. El triunfo final fue la consecuencia de una armonía que se teje en el vestuario. 

Aguirre saca pecho por un dato que para otros sería periférico: jugaron 25 de los 26 convocados. El egoísmo desapareció y la prueba fue ese gol definitivo donde los suplentes corrieron a abrazar a los titulares. Fue también la noche para rendir tributo a Guillermo Ochoa, una leyenda que tuvo su homenaje en vida y que logró que la tribuna cambiara el grito hostil de siempre por su propio nombre. "Era una noche para que México se brindara a su leyenda", dice, conmovido por la justicia del futbol .

Cuando las luces del Estadio Ciudad de México se apagan, el rol de abuelo regresa a la cruda realidad del hombre común. El Vawco no se compra el personaje del estratega infalible que sueña con sistemas tácticos perfectos. "Soy muy malo para soñar. Cuando a las 3 o 4 de la mañana me dan ganas de ir al baño y regreso a acostarme, entonces sí sueño, pero es horroroso. Prefiero ser como soy, ir paso a paso, despacio e ir viviendo el momento".

Es esa misma lucidez la que le impide hablar de estadísticas y lo empuja, antes de retirarse, a mirar hacia Europa. Envía un abrazo al checo Tomás Soucek por su rotura de tendón de Aquiles y otro a Didier Deschamps por la pérdida de su madre. Porque al final del día, para este conocedor del futbol , la táctica es secundaria y lo único que permanece es la empatía entre las personas que sufren.


FUENTE: JORNADA


 
 
 

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